Me ahogo en el calor.
Me asfixio con el humo.
Me quemo entre sus llamas.
Despierto con desgana.
Vivo un rato.
Amo un poco.
Amo mucho,
Demasiado.
Estalla el amago de una traición.
Me da terror.
Luego, el hecho.
Me desmorono.
Lo pierdo todo.
Lloro.
Muero.
Renazco.
Río otro tanto.
Brindo por los recuerdos.
Emborracho mis sentidos
Y a dormir en el infierno otra vez,
Para desvanecer este frío que me atormenta.
Que me revienta las venas y me congela la sangre.
Que me deja sin aire, sin defensas.
Que me ultraja como puta,
Como todo lo que no soy.
Debería cambiar de corteza.
Vestirme de camuflaje
Y cada vez que alguien trate no regalar el corazón.
Ya es suficiente, ya fue bastante.
Debería perder la identidad.
Aunque me diese en sacrificio,
Y olvidase mi entrega a la hora de amar,
Evitaría ceder ante su hermosura.
Me abrazaría con fuerzas a mi armadura
Y me condenaría a un suicidio lento.
Prefiero todo esto a verme morir en brazos ajenos.
¡
De dejarme vencer así, no soy capaz.
Quizá he llenado mi vida de amargos besos,
De vanos te quiero que no vuelven más;
Que se pudran sus miradas y se borren sus caricias,
Pero no me faltan ganas de vivir, de luchar.
Prefiero el infierno y quemarme con fuego
A ser toda hielo y privarme de amar.
Día tras día duermo en el infierno.
Me ahogo en el calor.
Me asfixio con el humo.
Me quemo entre sus llamas.
Despierto con desgana.
Vivo un rato.
Amo un poco.
Amo mucho.
Me entrego con el alma.
¿Demasiado?
No.
Nunca será demasiado.