Me sumerjo en sus páginas
Y despierto dormida en calor,
Envuelta en sabanas de fuego,
Bailando entre los anillos del infierno de Dante.
Los nueve giran sin pararse,
Sin detener el sudor que me asfixia.
Si tú no crees, yo tampoco.
Si tu no crees, para qué hacerlo por ti?
Si no me ves, ¿para qué mostrarte lo que te obsequio:
un poco de Fe?
Danzo sobre piedra caliente, encendida.
Te llamo en un susurro, y te halo con mis dedos, con mis manos,
atrayendo tu cuerpo moribundo, entumecido,
dormitando entre las llamas.
Siente los latidos, el aliento, mi canción.
Exhala humo,
abre los ojos
Y despiertas;
te acostumbras a la luz crepitante.
Respiras nuevamente,
y con cada bocanada de aire, pides, sediento, mi mano amiga.
Las rocas se mueven, formando escalones irregulares, infinitos.
Toma mi mano,
te limpiarás los pulmones de pesar,
cruzaremos juntos el purgatorio y abrazarás una nueva luz,
una diferente, menos roja,
más azul.
Subes,
poco a poco,
te guía mi voz,
mis palabras,
pero eres tú quien decide escuchar.
No mires atrás,
no mires hacia abajo,
ya no hay suelo,
sólo llamas que se acortan,
que se quedan.
Tampoco mires a los lados,
sólo encontrarás a otras almas en penitencia,
luchando por su óbolo para pagar al Caronte.
Subes más.
Con cada escalón ganas altura, una sensación de inexplicable tranquilidad.
Nuestro ropaje va desapareciendo. Te sientes desnudo. Ya no importa que te vean.
Ya no hay rocas
sólo nubes
Y me siento con querubes en el regazo,
Observando quedamente como se acompasa tu respiración
Vuelves a dormitar, somnoliento, en armonía.
Ya no escuchas mi canción,
ya no hay voces,
ya no hay fuego,
sólo tú.















Comments
--
How do we destroy evil? By destroying Ignorance; The Source of all Evil.
D.C.C.
--
"Do you see?"
Next Page